Tiempo de lectura: 4 minutos

El diccionario Everest de la lengua española define el término “energúmeno” de este modo: 1.– Persona poseída por el demonio 2.– Endemoniado, endiablado, poseso 3.– Persona alborotada y furiosa 4.– Exaltado, frenético, enloquecido.

Hasta ahí el diccionario. En habla popular también se usa el vocablo para describir a alguien que simplemente abruma por presencia debido al mero tamaño de su cuerpo, por su estilo quizás algo atropellador y/o por su proclividad a romper las reglas. “¡Es un energúmeno!” se dice en esos casos.

¿A cuál de esas definiciones y/o miradas corresponde Donald Trump? Tal vez a todas. Es lo que se piensa y siente en amplios círculos en Estados Unidos y de hecho en todo el mundo. Se le ve como una fuerza dañina, perjudicial, un hombre que demuele todo lo que toca y que puede llevar al mundo al apocalipsis. Tal vez, pero considérese que al apocalipsis pudo y puede llevar CUALQUIER presidente de los Estados Unidos. El mundo estuvo al borde de una guerra nuclear con el admirado y glamoroso John. F. Kennedy durante la llamada “crisis de los misiles”, en 1962. El mundo lo ha estado con George Bush. Estados Unidos ha ido a la guerra con Roosevelt y con otros. Nadie, en esa nación, tiene el monopolio del apocalipsis.

En cuanto a medidas dañinas, hay también mucho paño por cortar. ¿Cuántos golpes de Estado y masacres orquestadas, conducidas y diseñadas por agencias norteamericanas no se han celebrado bajo los más diversos mandatos? ¿Fue Trump quien organizó el fraude y fracaso de Bahía Cochinos? ¿O ideó el presunto ataque al un destructor yanqui en aguas cercanas a Vietnam del Norte? ¿O las masacres en centro américa? ¿O la virtual creación de los talibanes? ¿O el apoyo a los contras de Nicaragua?

Retórica

Si se observa el fenómeno Trump con siquiera un poco de objetividad, un mínimo de frialdad y racionalidad, lo primero que salta a la vista es que se trata de un tipo con un temperamento colérico con la clase de retórica agresiva y apasionada propia de personas de dicho talante, retórica que muchas veces basta por sí misma para suscitar en el prójimo un casi invencible disgusto, pero aun así es preciso hacer la importante distinción entre lo que se dice y lo que se hace, entre carácter y conducta y a estas últimas, todavía más importantes, examinarlas de acuerdo a su mérito o demérito, no según quien la propuso e implementó. Esa distinción pocos se molestan en hacerla. Menos que nadie se molesta un segmento de la sociedad norteamericana que no le perdona a Trump el simplemente haber ganado, el que sea Presidente, el que exista. Es el segmento conformado por políticos -incluyendo no pocos republicanos–, periodistas de Washington, gurúes, asesores, lobistas, etc que se acostumbraron a DÉCADAS de cierta política, de ciertos modos de hacer las cosas imbuidos por principios y conceptos que el tiempo demostró a menudo ilusorios, a veces absurdos y hasta perjudiciales, pero que en el intertanto les otorgaron tranquilidad, la sensación de estar en lo correcto, de estar en “onda”, etc. Ilustrativo de eso fue el discurso que ofreció Clinton luego de firmar un acuerdo comercial con China que le ha significado a Estados Unidos una emigración masiva de industrias, la llegada de artículos a precios imbatibles, la ruina de muchas empresas, el robo masivo de secretos industriales, etc. Clinton dijo que esperaba que ambas naciones prosperarían y hasta, agregó, se fomentaría el que China “fuese cada vez más democrática….

En ese capullo de ilusiones, falsedades, discursos políticamente correctos, tratados fantasiosos, favores mutuos, complicidades forjadas a lo largo de años entre actores políticos y periodistas, etc, vivía Washington. Un presidente seguía a otro y era, con pocas diferencias, la misma cosa. En el ínterin Estados Unidos se deslizaba suavemente por el tobogán de la decadencia de su poder, prestigio y relevancia. A todo eso es a lo que Obama llamó “paciencia estratégica”.

Quizás el intento de Trump de revertir dicha caída y poner el reloj a andar en reversa sea fantasioso, un sueño imposible, pero, ¿quién sabe si al menos algunos de los procesos que han ido hundiendo a Estados Unidos en la “paciencia estratégica” no sea posibles sino revertirlos, al menos demorarlos? Tal vez sea necesario acercarse a Rusia por poco placentero que resulte para evitar calamidades indescriptibles; tal vez era necesario acercarse a Nor Corea por la misma razón, aunque a primera vista parezca que el encuentro fue un fiasco; tal vez en verdad Estados Unidos necesitaba reformular el Nafta y muy probablemente Estados Unidos necesita regular la inmigración, como lo hace TODA nación que tiene un mínimo de respeto por sentido común.

Pero, ¿cómo se hacen todas esas cosas contra reglas y costumbres establecidas por años de años sin derribar la estantería? ¿Cómo se interfiere en una política a la cual se han acomodado tantos sin lastimar sus egos, derribar su posiciones y ganarse entonces su odio? En fin, ¿cómo se hace sin ser un “energúmeno”? Al parecer los energúmenos son históricamente necesarios de vez en cuando. No es siendo “nice” y acomodaticio con el establishment como se implementan nuevas políticas. Se necesita un bárbaro. Se necesita un energúmeno. Se necesita un Trump.

3 COMENTARIOS

  1. Hay muchos paises que necesitan un “Trump” por supuesto que Chile es uno de ellos… Que haga una limpieza completa y profunda en todo orden de cosas.
    Lamentablemente, los paises de Latin American necesitan “Energumenos” para poder desarrollarse en forma exitosa.
    Nada mas, el ejemplo de USA.

  2. “…es preciso hacer la importante distinción entre lo que se dice y lo que se hace, entre carácter y conducta y a estas últimas, todavía más importantes, examinarlas de acuerdo a su mérito o demérito, no según quien la propuso e implementó…” Si tan sólo ESO fuera posible en nuestros tiempos, habría salvación, significaría que todavía hay quien es capaz de abrir los ojos, mirar y ver. Quiera el infinito que así sea…

  3. Totalmente, y es increíble ver como los medios en general en USA están empecinados en atacarlo, con una retorica muy parecida a la que hay en Chile entre izquierda y derecha. Cuesta mucho, encontrar una cadena de noticias hoy en día que sea “centrada” u “objetiva”; o le dan como bombo en fiesta a Trump o lo veneran como a un Dios.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here