Tiempo de lectura: 4 minutos

Feo lo de Andrés Velasco. Como el cuento del señor Araya, quien los embarcó a todos y se quedó en la playa, o la del cura Gatica, quien predica pero no practica…

Velasco inauguró un movimiento presuntamente nuevo -en el fondo, sin embargo, no era sino otro avatar de la más que vieja iniciativa liberal de parar un “referente” que nunca va a ninguna parte– que muy pronto, bajo su dirección, no fue capaz siquiera de poner término de manera decente a una elección interna, aunque en verdad su principal falla fue el no poder, no saber, no atreverse, no querer -o como sea deseen decirlo- cortar de una vez por todas sus lazos con el ruinoso, arrogante y obsoleto “progresismo”. Como tantos antes de él y después de él, Velasco pertenece a una pequeña burguesía, diría Guillermo Teillier, cuyos miembros gustan coquetear con “los cambios” y fruncir la nariz ante las fallas del sistema imperante, pero nunca son capaces de ir mucho más allá de lo que podríamos llamar una “política aspiracional”, la del adolescente buena onda e idealista que imagina un mundo mejor mientras está recostado en cama sin mover un dedo. ¿Cómo terminan siempre esas historias de fracaso de poca monta, sin pena ni gloria, sin muchos daños ni mucho ruido? Con la huida. Se abandona el proyecto, se deja caer a los seguidores, se proclama que la culpa la tuvo otro y se anuncia una retirada a la reflexión personal, a hacer clases, a escribir las memorias, a irse del país o todas esas cosas juntas.

Hablamos de estampida porque no es sólo Velasco el que huye en tan prometedoras condiciones; cargos internacionales han estado siempre a disposición de quienes tengan los contactos adecuados y hay también los que al menos adquieren refugio en una fundación u organización internacional basada en Chile. Por cierto los más no disponen de tan buenas alternativas y su huida consiste entonces en andar pegados a las paredes, muertos de susto de que se note que aun respiran; vemos esta clase de escapatoria en relación a cada uno de los movimientos en boga, en especial si están dotados de un “brazo armado”.

No es un Reproche…

No se entienda nada de todo esto como un reproche personal a Velasco ni a nadie. Cada quien se apea como puede. Los héroes, los mártires, los valientes y los leales siempre han sido escasos. Nadie, gustosamente, presenta el pecho; se prefiere mostrar la espalda mientras se emprende las de Villadiego. Quizás sólo ponga cara la adversidad cuando no hay otro remedio porque no hay escapatoria. No por nada Anatole France decía que la táctica consistía en el arte de desplegar las tropas de tal modo que no puedan huir. En efecto, si se puede huir, se huye. Es lo normal. Si no es posible eso, está el recurso de la rendición, como no pocos han hecho en el ámbito de decanatos y rectorías. Si tampoco es posible esto último porque se sospecha que el enemigo no tomará prisioneros, cabe entonces el recurso de hacerse el muerto. Con algo de suerte, no se notará. Se trata de hablar lo menos posible, de sonreír por si acaso, de mirar para otro lado, de sumarse a las iniciativas, de firmar lo que le pongan por delante. Es el recurso del un dos tres momia.

Olvidábamos otro método que reúne en sí mismo todas las virtudes de la defensa propia, a saber, la cobardía, la rendición, la escapatoria y la hipocresía. Consiste en proclamar la culpa ante el mundo antes de serse acusado, ganándose así el “quien vive”. Lo que debe decirse es que uno es también culpable, “como todos”, pero ha visto la luz. “Perdónanos Señor, porque hemos pecado…”

Tampoco es Reproche…

Esto último, el recurrir al método de pedir perdón a gritos ex ante, tampoco es reprochable. ¿Qué se le puede reprochar a la débil naturaleza humana? Ya lo hemos dicho en otra parte: el miedo es cosa viva. Más aun cuando los enemigos potenciales no son individuos sino hordas y está en juego la pega, la carrera, la reputación, incluso quizás el pellejo.

Vemos, entonces, una estampida. Arrancan los empresarios temerosos de ser acusados de machismo y por eso tirando por la borda, en dos minutos, a quienquiera de la tripulación haya sido “denunciado”; arrancan los políticos de derecha haciéndose  -salvo rarísimas excepciones– los “neo”, los iluminados, los “liberals”, los buena onda y recitando más o menos los mismos mantras que el adversario; arrancan las autoridades universitarias sumándose por default a cualquiera cosa que hagan o digan los niñitos; arrancan los contaminadores publicando un lloroso capitulo sobre el medio ambiente en la Memoria Anual; arrancan las policías haciéndose los cuchos porque nunca se sabe de dónde vendrá la acusación y luego el sumario por uso de “fuerza excesiva”; arrancan los comunicadores tratando d ser más papistas que el Papa, más cobardes que los cobardes, más gregarios que las ovejas y más traidores que Judas.

Es la moda. Súmese a la estampida o pague las consecuencias.

1 COMENTARIO

  1. Cuanta verdad… el honor, la lealtad, la humildad y la rectitud son valores ya totalmente perdidos en nuestra sociedad. Ahora se usa subirse al primer bote salvavidas y dejar que se hunda el barco con todo tu honor nomás… ¿Hay alguna virtud que cultivemos actualmente como sociedad y de manera individual? Ya se perdió toda magia en este siglo, evolucionamos de homo sapiens a homo mercenarius.

    Saludos Fernando!

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here