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Es lo que decía y sigue diciendo el inmortal Condorito: “exijo una explicación”. La exigía luego de haber protagonizado un estropicio y recibido la consiguiente patada en el poto. Eso era lo divertido del chiste: el autor de un desastre teniendo la tupé de pedir explicaciones.

No otra cosa ha hecho una de las 16 tribus del Frente Amplio respecto a J.A. Kast, quien ha tenido la audacia de apoyar -verbalmente– a Bolsonaro. Le piden “que de cuenta de sus actos”, que ofrezca una explicación. No sabemos que esa agrupación se le haya pedido a Alejandro Navarro, quien no sólo apoya a Maduro sino asiste a sus actos, declama en ellos y defiende día y noche al dictador venezolano responsable de muertes, de la liquidación del parlamento de ese país, de la ruina más miserable y de la emigración de más de 4 millones de venezolanos. ¡Ah, pero Navarro es “progresista”! Navarro es “de los nuestros”. Navarro es el camarada Navarro. Navarro se equivoca de tanto en vez, pero pertenece a nuestra tribu. Navarro, entonces, no necesita ir a darle explicaciones a nadie. Kast sí porque es “derechista”, “ultra”, fascista.

Es sabido el doble standard que en todo orden de cosas aplican los feligreses de toda religión cuando se sienten predominantes, poderosos, la sal de la Tierra. Lo malo o dudoso que haga “el enemigo de clase” o el descreído es Mal Absoluto, imperdonable, pero el mal -con minúsculas– que cometa uno de la parroquia es siempre perdonable: es un “exceso de celo”, un mero “arrebato”, una chiquillada merecedora a lo más de un tirón de orejas.

Así entonces, instalado en el trono de la corrección política, la hegemonía, el predominio y la arrogancia, para los progresistas de este mundo ya no hay adversarios sino enemigos. Y siendo enemigos y a falta de remedios más contundentes, a la Stalin, entonces al menos se los asesina socialmente. Se los convierte en gentes que deben “dar explicaciones, en lascivos seriales, en golpistas, en agentes del imperialismo, en misóginos, en homofóbicos, en reaccionarios, en pedófilos, en torturadores, en pinochetistas, etc, etc. Y así marcados se les convierte en blanco -legítimo ellos piensan–  de los odios y rencores de los envidiosos, los chantas, los pencas y los idiotas. Y así entonces si a Kast lo zamarrea una patota de cobardes e intelectualmente menesterosos, dicen entonces “Kast fue a provocar”. No hubo para él, nunca habrá para ninguna víctima de estos bien pensantes velatones y ojos en blanco.

No hay nada de original en esto. Sucede cada vez que un nuevo “creo en Dios padre Todopoderosos” se apropia de la frágil mente de una nación. A los iteresados en la historia les recomendamos el libro “The Darkening Age: The Christian Destruction of the Classical World”, de Catherine Nixey, en el cual se describe y cataloga el inmenso daño, oscurantismo, fanatismo e imbecilidad que se desató en el ya tambaleante Imperio Romano cuando el cristianismo se convirtió en religión oficial.

The Darkening Age de Catherine Nixey. 2017

4 COMENTARIOS

  1. Los “Progresistas” muy lentamente están perdiendo el poder y lo único que se aferran es a sembrar el miedo y descalificar a todos quienes piensan distinto para perpetuarse en el poder, actuando como escribió Roger Bacon en su obra De la dignidad y el desarrollo de la ciencia: “Como suele decirse de la calumnia: calumnien con audacia, siempre algo queda”.

  2. Notable comentario. En realidad estos grupos “progresistas” (lo coloco entre comillas porque nunca han hecho progresar a ningún país) son tan predecibles que llegan a ser aburridos.

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