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Y se resolvió la duda sobre la descendencia indígena de la senadora demócrata Elizabeth Warren. A lo largo de su carrera política se enorgullecía por su presunto origen cherokee (y las presuntas discriminaciones que vivió por ello). Pero la biología no miente. Luego de ser emplazada por Trump a certificar mediante prueba de ADN su procedencia indígena, la senadora mostró los resultados y tendría no más de 1% de sangre cherokee.

Los políticos suelen utilizar el alarmismo y la victimización como herramientas de adhesión electoral. A menudo oímos como, de no seguir una determinada causa, o descendemos en el Cuarto Reich o llega literalmente el Apocalipsis. Curioso, entendiendo que el estado del mundo actual es, de acuerdo a científicos como Stephen Pinker1, la mejor era que ha experimentado la humanidad jamás. Hay menos guerras, menos muertes violentas, menor pobreza, menos hambre, más salud, más democracia, etc. No obstante, electoralmente, vende la idea de que el mundo se cae a pedazos y que, de votar por mí, resolveremos los males que nos aquejan.

Elizabeth Warren, actual senadora por Massachusetts y una de las potenciales cartas presidenciales demócratas para combatir a Trump en 2020, sabe cómo jugar. Parte de la biografía de la senadora mencionaba su descendencia cherokee a modo de empatizar con una minoría y ser de alguna forma, parte de los “oprimidos”. La historia en concreto narraba la forma en que su familia paterna rechazaba la “procedencia indígena” de su madre, pero que gracias al espíritu de unión americano, lograron saldar sus diferencias y avanzar hacia el modelo de familia inclusiva.

Bonita historia, pero profundamente distorsionada. Luego de que Trump hiciera festín del apodo “Pocahontas” hacia la senadora, el presidente llamó públicamente a Warren a realizarse un test de ADN para verificar su procedencia indígena, en vista de que la mujer es en apariencia 100% anglosajona. “Yo tengo más sangre indígena que Warren… y eso que no tengo sangre indígena” mencionó Trump haciendo burla de las declaraciones de la demócrata2.

La senadora optó por realizarse el test. Este fue llevado a cabo por el profesor Carlos D. Bustamante, geneticista y Ph.D de la universidad de Stanford. El resultado dio que Warren tendría, en el mejor de los casos, alrededor de 1% de sangre indígena. El restante 99%, europea. Del mismo modo, el trazo de ADN indígena provendría de entre 10 a 6 generaciones en el pasado (los nazis exigían al menos 3 en sus test de pureza racial). Es decir, los vestigios serían prácticamente inexistentes y muy remoto en el pasado.

Kit de la empresa “23 and Me”, que permite extraer sangre y analizar ADN, desde probabilidad de enfermedades a procedencia étnica. El costo es de 100 dólares y lo puedes comprar en www.23andme.com

Incluso el representante de las Naciones Cherokee Chuck Hoskin Jr. redactó un comunicado expresando su repudio hacia la narrativa que Warren armó desde un inicio, intentando usufructuar de una supuesta historia de discriminación en su familia. Parte de la carta dice:

“Las naciones tribales soberanas establecen sus propios requisitos legales para la ciudadanía, y si bien las pruebas de ADN pueden usarse para determinar el linaje, como la paternidad a un individuo, no es evidencia de afiliación tribal. Usar una prueba de ADN para reclamar cualquier conexión con la Nación Cherokee o cualquier nación tribal, aunque sea de forma vaga, es inapropiado e incorrecto. Se burla de las pruebas de ADN y sus usos legítimos al tiempo que deshonra a los gobiernos tribales legítimos y sus ciudadanos, cuyos antepasados están bien documentados y cuya herencia está probada. La senadora Warren está socavando los intereses tribales con sus continuas reclamaciones de herencia tribal.”3

Otro triunfo para Trump.

Jugar a la víctima

A pesar de que las mentiras, la exageraciones, el alarmismo y la victimización han sido desde los tiempos de las primeras tribus humanas estrategias para alcanzar el poder, hoy en día estos instrumentos son masificados y exacerbados mediante redes sociales erosionando la posibilidad de debate cívico y racional sobre cualquier asunto e intensificando el grado de polarización que se vive en el mundo entero.

El posicionarte como una víctima, impide en ciertos aspectos realizar cualquier critica a tu postura, dado que incluso las razones más lógicas pueden resultar ofensivas e insensibles (damos por hecho que la sensibilidad es algo a proteger en política). Jugar a la víctima es hoy una estrategia que permite cerrar el debate antes de que se haya abierto. Es una forma deshonesta de poner candados sobre la visión que otros legítimamente pueden tener o plantear sobre un tema.

Libro “El levantamiento de la cultura de la victimización” de Bradley Campbell y Jason Manning.

Los sociólogos Jason ManningBradley Campbell exploran la idea de la victimización en política en The Rise of Victimhood Culture y de cómo en nuestra era de polarización se utiliza como instrumento para perseguir ciertas agendas y callar a ciertas voces. La cultura que ha creado los Safe Spaces (espacios seguros en las universidades para cuando los niños tienen crisis de ansiedad por escuchar una materia que los ofende) y de las microagresiones (la idea de que una mirada o una vestimenta puede ser una forma de violencia), sería una tendencia surgida en universidades ahora extrapoladas a distintas áreas del quehacer público.

Cuando Warren pretendió usar la falsa narrativa de sus antepasados indígenas para fraternizar con las causas de las “minorías oprimidas” (y con ello, obvio, ganar muchos votos), cometió el error de pensar que en nuestra era hiper tecnologizada aquellas blancas mentiras quedarían en un limbo sin ticket de cambio en la opinión pública. De que la ciudadanía no podría identificar verdades de mentiras y que todo quedaría en la sopa de confusión informativa de los medios.

Pero la tecnología tiene una dualidad. Si bien exacerba los ánimos polarizadores, también permite contrapesar posturas irracionales. Gracias a las tecnologías de la información es que podemos informarnos de otras visiones no hegemónicas, ejercer crítica abierta, encontrar algunas verdades y avanzar hacia una política cívica y racional que no utilice la victimización y el alarmismo como instrumento de desprestigio político. ¿Quién hubiese pensado que con una gota de sangre podríamos desnudar la retórica de un político?.

Resulta necesario hoy más que nunca tener un mayor grado de conciencia sobre cuándo el activismo político utiliza los instrumentos de alarmismo y victimización para promover una agenda política. Examinar con cuidado y aprender a discernir entre los falsos llantos de quienes ganan con el escándalo e histeria y quienes de verdad necesitan una mano.

 

¿Qué opinas de la victimización y alarmismo como instrumento de desprestigio a opositores? Comenta abajo.

 

 

4 COMENTARIOS

  1. Excelente artículo, bien documentado, bien escrito, bien pensado. Gracias por darnos una argumentación sólida contra el pensamiento políticamente correcto.

  2. Falto que el académico que estudio su ADN era un fue contratado directamente por ella para analizar su ADN, no uso un test comercial, que el ex-marido de ella fundo una compania de análisis de ADN y que este académico comparo el ADN de ella solo con el de indígenas de Mexico, Colombia y Peru. No lo comparo con el de la tribu Cherokey, de la cual ella dijo ser desentiende. Tampoco menciona que ella se auto denomino “nativo americana” y uso eso para recibir los beneficios de minoría cuando postulo a Harvard quien la listaba como miembro de una minoria hasta 2004 y que el mismo Harvard la celebro como “su primera mujer de color” en su Law Review y hasta publico un libro de resetas tradicionales lamado “Pow Wow Chow”.
    Fuera de esto, buen articulo.

  3. El tema de la victimización esta asociado al llamado postmodernismo según el cual no existe una verdad sino varias de las cuales se impone una, por la fuerza. Esto llama a los grupos supuestamente subyugados, minorías o derrotados, a sostener sus valores atacando la verdad del supuesto vencedor. De ahí que aparezcan grupos LGBTs, hispanics, afros, feministas, etc., que exigen diversidad aun al precio de sostener lo insostenible (recordemos a Rachel Dolezal o las discusiones si deben haber 1, 2 o más tipos de baños en las escuelas). La verdad ya no importa, pues es solo la verdad de los vencedores. Cuando alguien es acusado, ya to tiene derecho a defenderse, ni puede defenderse, por que la verdad es la opinión de la supuesta víctima, independiente si es real o no.

  4. ¿Y qué me dicen de la abusiva explotación del victimismo de los familiares de los “detenidos desaparecidos” de la dictadura? Una gran mayoría viviendo a costa del estado (todos nosotros) con pensiones vitalicias y granjerías sin fin. Hasta no hace mucho la piece de resistence de cualquier curriculo, para postular a algún cargo público o académico, era haber sido “exiliado” ( o “exonerado”) por la dictadura.

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