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Las épocas de cambios “valóricos” lo son también de transformaciones semánticas. Muchas palabras son re-interpretadas, algunas simplemente proscritas, modismos idiomáticos nuevos reemplazan a los habituales y se inventan  vocablos o se modifica el significado de algunos de los existentes. 

Es un proceso inevitable porque las palabras no son meros equivalentes sonoros de las cosas sino expresan posturas frente al mundo, el modo como es percibido, perspectivas y actitudes; en especial es lo que ocurre en la interpretación y evaluación de los actos del prójimo. Hay veces cuando estas modificaciones semánticas reflejan una más perfecta comprensión de su naturaleza, como ocurre en las ciencias físico-matemáticas con las palabras “espacio” y “tiempo”, las cuales tienen hoy significado muy distinto al que tenían cuando imperaba la concepción newtoniana del mundo físico, pero normalmente las trasformaciones de significado suceden en el ámbito de la acción humana.

Véase lo que sucede con el vocablo “negacionismo”.  Originalmente fue concebido en Alemania para calificar a quienes se negaban a aceptar los abrumadores hechos del holocausto, pero ahora, en Chile, se emplea para describir a quienquiera dude o someta a examen las creencias del progresismo.  Este desplazamiento del reproche desde el castigo de la negación de hechos al castigo por la negación de creencias es típico de épocas cuando una ideología se apodera de un número sustantivo de feligreses, quienes terminan por depositar en ella no sólo sus pensamientos sino además sus pasiones y necesidades psicológicas, esto es, convierten un sistema de ideas la doctrina de una FE. Fe, o sea una convicción absoluta acerca de la naturaleza de las cosas.

Eso trae consecuencias; la convicción absoluta de lo que sea la Verdad entraña necesariamente una convicción absoluta de lo que es Falso, lo cual, a su vez, multiplica el número de los pecadores caídos en el error porque no hay simetría cuantitativa entre ambos polos; la verdad es “una sola”, mientras lo falso abarca todas las posibles entidades distintas a dicha verdad, convertida ya en Dogma. Simultáneamente lo ajeno al dogma deviene necesariamente en falsedad, mentira, maldad, porfía y eventualmente, hoy, en “negacionismo”. De esto derivan aun más consecuencias: quien niega una verdad evidente y deslumbrante no puede sino ser quien no sólo se obstina en su ceguera, sino además lo hace por mala voluntad, un afán de destruir lo que es “correcto”, por una voluntad de sabotear, esto es, finalmente, por pura maldad. Es el momento en que ya hemos desembocado en la metafísica: la Verdad es el Bien y por tanto lo falso es el Mal. De ahí se deriva que quien niega, duda, sospecha o contradice la verdad es, a fin de cuentas, agente del MAL. El negador ya convertido en negacionista es al mismo tiempo un activista del Mal y en dicha calidad tiene que ser castigado: la ley tiene que sancionarlo, los “progresistas” han de funarlo, lo que haga o diga tiene que ser prohibido, debe ser aislado, neutralizado. En casos extremos debe ser aniquilado.

El “negacionismo” es entonces un término que no se limita simplemente a describir a quien no cree, sino también lo califica, marca, condena y separa de la comunidad, de los piadosos creyentes, de la gente buena, de los que apoyan el progreso, en última instancia lo excluye de la raza humana. Adicionalmente con dicho acto que expulsa a los pecadores del Paraíso de la Buena Fe se fortifica y reafirma la creencia que el descreído niega; en efecto, todo dogma es tanto vez más sagrado e indiscutible cuanto más aleja de sí a quienes lo discuten, tanto más confiable en su verdad cuanto más desconfía de los que se hacen preguntas, tanto más acogedor de almas necesitadas de dogmas mientras más espíritus rebeldes rechaza y castiga. Ante tal Verdad no se rechaza simplemente una Verdad distinta, sino la discusión misma para averiguar la verdad se hace ociosa y sospechosa, intolerable y punible, el primer, sinuoso e hipócrita paso hacia la negación. Completado el círculo de esta dialéctica rabiosa y feroz, el presuntamente agredido por la falta de fe del prójimo se encuentra en condiciones de legítimamente agredir por la Fe y para la Fe.

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  1. ¿Los abrumadores hechos del holocausto? ¿cual holocausto?¿el de Dresden??

    El día 13 de Febrero de 1945, los aliados deciden realizar un bombardeo a la ciudad de Dresde (Dresden), en Alemania. Las verdaderas razones para justificar tal operación son difíciles de asimilar. La ciudad de Dresde no tenía ningún valor militar. No había fuerzas destacadas en esa ciudad. No existían industrias bélicas y no constituía ningún obstáculo para el avance de las fuerzas aliadas. Dresde, una ciudad a orillas del río Elba, ubicada al este, sureste de Lipzig, era un centro de reunión de refugiados, de heridos y enfermos y donde se encontraban más de 26.000 prisioneros de guerra aliados. Es decir, una ciudad de desvalidos. Ahora se cumplen 60 años. No habrá celebraciones ni en el Congreso ni en el Senado, ni en los parlamentos autonómicos ni declaraciones oficiales, ni rasgado de vestiduras, lágrimas mediáticas o sesudos artículos de los “intelectuales” a sueldo. ¿Por qué? Porque las víctimas eran alemanas. Y los alemanes son muertos de segunda.

    A 60 Años del Holocausto de Dresden
    Enviado por Webmaster el Sáb, 03/04/2006 – 14:46.
    Varios

    El día 13 de Febrero de 1945, los aliados deciden realizar un bombardeo a la ciudad de Dresde (Dresden), en Alemania. Las verdaderas razones para justificar tal operación son difíciles de asimilar. La ciudad de Dresde no tenía ningún valor militar. No había fuerzas destacadas en esa ciudad. No existían industrias bélicas y no constituía ningún obstáculo para el avance de las fuerzas aliadas. Dresde, una ciudad a orillas del río Elba, ubicada al este, sureste de Lipzig, era un centro de reunión de refugiados, de heridos y enfermos y donde se encontraban más de 26.000 prisioneros de guerra aliados. Es decir, una ciudad de desvalidos. Ahora se cumplen 60 años. No habrá celebraciones ni en el Congreso ni en el Senado, ni en los parlamentos autonómicos ni declaraciones oficiales, ni rasgado de vestiduras, lágrimas mediáticas o sesudos artículos de los “intelectuales” a sueldo. ¿Por qué? Porque las víctimas eran alemanas. Y los alemanes son muertos de segunda.

    Alemania ya había dejado de ser una potencia militar, pues estaba reducida a escombros y su capacidad industrial había colapsado por falta de materias primas. Para esa fecha, la mayoría de los países le habían declarado la Guerra o en el caso de sus proveedores de materias primas, habían dejado de embarcarle los productos debido a la presión de los aliados. De hecho el país no constituía ninguna amenaza para las fuerzas aliadas en ninguno de los frentes. Si, seguían peleando era simplemente porque existía la amenaza de la rendición sin condiciones y, en especial en el este, la venganza de los soviéticos que estaban decididos a arrasar el país. ¿Qué es lo que impulsó a los aliados a realizar un ataque tan despiadado, contra una ciudad indefensa, que no constituía amenaza para ellos?

    A las 22:15 del 13 de febrero, con puntualidad inglesa, comienzan a llover las bombas de la primera oleada de 245 bombarderos Lancaster. Aisladamente algunas baterías antiaéreas intentan infructuosamente contener el ataque en las afueras de la ciudad. El único avión derribado lo fue por la explosión de una de las bombas lanzadas por encima del desafortunado avión… tal era la concentración de aviones encima de la ciudad.

    A las 22:30 termina lo que hubiera sido suficiente para cualquier objetivo militar. Decenas de miles de casas, hospitales, escuelas y estaciones de tren convertidas en centros de refugiados, quedan sin techos, puertas y ventanas, las calles destrozadas e inundadas por la rotura de las tuberías de suministro de agua, postes de teléfonos y de alumbrado público tumbados. Edificios sin fachadas y gritos, llanto, sollozos, gritos de auxilio ahogados en miles de gargantas. De acuerdo a los propios pilotos, el humo y el fuego se veían desde 150 Kms de distancia.

    A la 1:30, cuando nada lo hacía presagiar, surge la segunda oleada de bombarderos, que toma de por sorpresa no solamente a los sobrevivientes de la ciudad, sino a los socorristas que acudieron desde otras ciudades cercanas. No hubo aviso previo pues simplemente no había electricidad. Para los atacantes, esta vez no eran necesarios los aviones marcadores. La ciudad era una hoguera. Más de 550 aviones Lancaster, Liberators y B17, precedidos de los aviones iluminadores con sus bengalas de magnesio lanzadas en paracaídas, que revelaban la aterradora destrucción de la ciudad, señalaron la ruta de los que lanzarían las bombas incendiarias. Nada menos que 650 mil bombas incendiarias para una ciudad superpoblada de civiles. Esta vez, el resplandor de la ciudad en llamas era visible desde más de 300 Kms de distancia. En esa oportunidad hubo 18 cazas nocturnos alemanes listos para salir, pero nada pudieron hacer por falta de combustible y problemas de comunicaciones, pues la aviación inglesa se encargó de interferir sus sistemas.

    En los dos ataques se lanzaron un total de 1.477,7 toneladas de bombas explosivas, incluyendo 529 bombas de 2 toneladas, más una de 4 toneladas. En cuanto a las incendiarias, fueron 650 mil, con un peso de 1.181.6 toneladas. En total se emplearon 1400 aviones. Los incendios se desataron por doquier iluminando el cielo de manera dantesca. La película que se guarda en el Imperial War Museum de Londres, muestra durante 10 minutos, cómo el avión con la cámara da vueltas por la ciudad sin recibir ningún tipo de oposición. No hay reflectores ni fuego antiaéreo, menos cazas interceptores. Todo es fuego y destrucción. Cientos de años en arte y cultura fueron reducidos a cenizas. Dresde estaba convertido en un infierno donde se habían quemando cientos de miles de civiles.

    Al día siguiente, los socorristas no podían atender a los cientos de miles de heridos. No había ni agua, ni alimentos, ni medicinas suficientes. Pero, no todo había terminado, apenas habían transcurrido 2 ataques en 14 horas. A las 12:12 del día 14 de Febrero, una nueva oleada, esta vez de 1350 Fortalezas Volantes y Liberators, lanzó otro diluvio de bombas contra la destrozada ciudad. Afortunadamente, las bombas que caían sobre los escombros, no hacían mayor daño, pues no se puede matar a los muertos. Como en Hamburgo, el huracán de fuego y las ráfagas de viento a miles de grados de temperatura, mató a más personas que las propias bombas. Los edificios que quedaban en pie, parecían cascarones, que solo encerraba fuego. Como los cazas de protección no tenían oposición, se dedicaron a atacar a las columnas de sobrevivientes que escapaban del infierno. Ambulancias, carros de bomberos, carretas, automóviles, cualquier cosa que se moviera era un blanco para los P-51. Los americanos lanzaron 474.5 toneladas de explosivos de alta potencia y 296.5 toneladas de incendiarias, en paquetes y racimos.

    Los días que siguieron, los grupos socorristas se encargaron de dar sepultura en fosas comunes a los cuerpos mutilados y quemados que fueron envueltos en papel periódico, en el mejor de los casos y lanzados en zanjas abiertas por buldozers. Difícilmente se pudo identificar algunas víctimas. Para el día 6 del mes siguiente apenas se había logrado identificar a menos de 40 mil cadáveres. Durante semanas y entrada la primavera, el hedor de la ciudad acordonada se percibía desde kilómetros de distancia. Algunos soldados manifestaron haber visto enormes ratas que se alimentaban entre los escombros. Incluso se dijo que animales de un circo, cuyas jaulas fueron rotas durante los bombardeos vivían entre los restos alimentándose de cadáveres. Las cifras oficiales indican que murieron entre 120.000 y 150.000 personas, es decir muchas más que las que murieron en Hiroshima o Nagasaki.

    En Dresden se perpetró cobardemente un verdadero y repugnante Holocausto ya que allí fueron quemados vivos mucho más de 120.000 mujeres, niños y ancianos, enfermos y lisiados, doctores y enfermeras, bomberos y funcionarios civiles, incluidos miles de refugiados que huían de distintos frentes, especialmente del Este puesto que sin excepción estaban expuestos a la brutalidad de los rusos.

    Como afirma el historiador David Irving “El incendio arrasó al menos 13 km2. Todos los fenómenos observados en Hamburgo reaparecieron en Dresden a una escala mucho mayor. Estos incendios fueron, sin lugar a dudas, los más espantosos que haya conocido Alemania. Arboles gigantescos fueron desarraigados o partidos en dos. Masas de gente en fuga eran a menudo capturadas por el tornado y luego precipitadas en medio de las llamas. Otras personas que huían por los taludes de las vías del tren cuentan que vagones situados sobre vías descubiertas fueron levantados por el huracán. Igualmente los espacios abiertos, como grandes plazas y parques, no ofrecían ninguna protección contra este tornado artificial. Una vez declarado el incendio los bomberos no pudieron hacer nada para dominarlo”. “No existen estadísticas exactas sobre lo ocurrido a estas fuerzas de lucha contra incendios, pero un ejemplo bastará: del cuerpo de bomberos enviado a Dresden desde Bad Schandau no hubo un solo sobreviviente. Fueron aniquilados todos en el segundo raid. Nadie había podido prever el océano de fuego y llamas que debía tragarse esta ciudad de Sajonia. Las bodegas y sótanos de cada casa abrigaban de 80 a 90 personas y gente proveniente de las calles seguía descendiendo a las mismas. Tras el fin del primer ataque todo el mundo intentó huir precipitadamente: refugiados de las regiones del Este, que no habían oido jamás el ruido de sirenas o de explosión de bombas se encontraban prisioneros en el corazón de la más grande conflagración de la historia. No podían escapar a través de calles donde las llamas alcanzaban 12 o 15 metros de alto”. Esta gente esperaba allí que se apagaran los incendios para empezar a salir, cuando sin alerta, el segundo ataque se desencadenó… lo describe un Comandante del Servicio del Trabajo llegado de una ciudad vecina: “Las destrucciones remecían los muros del sótano. El ruido de las explosiones se mezclaba con un nuevo sonido extraño, que parecía aproximarse cada vez más, el sonido de un torrente que ruge: era el ruido del terrible huracán que barría la ciudad”.

    La carnicería en la Estación Central de Dresden supera todo lo que pueda imaginarse. Los refugiados se apiñaban en vagones incluso de carga, y continuaban llegando. Otros estaban en los corredores y túneles. Muchos hacían cola desde varios días para conseguir pasaje. Dos trenes acababan de llegar de Ká¶nigsbruck con cientos de niños que habían sido evacuados al Este y ahora volvían a ser evacuados para salvarlos de los rusos. Las escalas y salidas estaban atochadas con bultos y maletas, que además de dificultar la huida ardieron con las primeras bombas inundando corredores y túneles de humo letal. Después del primer ataque oleadas de personas se habían precipitado también a la estación, aumentando la confusión, junto con médicos, enfermeras, bomberos, funcionarios y miembros de distintas organizaciones de ayuda del NSDAP. Todos estaban condenados a ser asfixiados o quemados vivos por el segundo ataque que se concentró sobre la estación.

    Distintas cifras se han barajado para el total de víctimas de esta heroica y viril acción de los buenos, cristianos, liberadores y adalides de la sacrosanta democracia. Irving acepta como plausible la de 120.000 a 150.000 establecida por Hans Voigt, de la Abteilung Tote, o sea oficial. El mismo Irving agrega: “Quizás sea conveniente recordar que las cifras oficiales de muertos en Hiroshima y Nagasaki son, respectivamente, 83.793 y 71.370.

    Finalmente, una recomendación para todos aquellos que quieran conocer más sobre los bombardeos terroristas sobre Alemania. Se trata del libro de Já–RG FRIEDRICH titulado “El Incendio ” (Ediciones Taurus Historia, 600 páginas). En él se demuestra como los bombardeos que asolaron las ciudades y pueblos de Alemania durante cinco años en la II Guerra Mundial no tienen parangón en la historia. Más de mil urbes y localidades fueron bombardeadas. Treinta millones de civiles -en su mayoría mujeres, niños y ancianos- sufrieron casi un millón de toneladas de bombas incendiarias y explosivas. Murieron más de un millón de personas y se perdió, para siempre, parte del patrimonio urbanístico alemán, modelado desde el Medievo. Hasta hoy, ningún relato histórico había ofrecido una narración de la verdadera dimensión de los hechos y del destino real de las víctimas. El historiador berlinés Já¶rg Friedrich colma dicha carencia con esta obra sobre la campaña de destrucción que británicos y estadounidenses planearon y ejecutaron de forma sistemática contra las ciudades alemanas.

    Por último, recordar las palabras recientes de un Premio Nobel, Alexandr Solzhenitsin ” ¿Qué nombre hay que darles a aquellos que quemaron en unos minutos, sólo en la ciudad de Hiroshima, a 140.000 pacíficos habitantes, pretendiendo justificarse mediante una fórmula alucinante, por el deseo de «conservar a sus soldados con vida »? Pero aquel presidente y su entorno no fueron llevados a juicio… al contrario, perecieron con la aureola de honorables vencedores. ¿Y qué nombre hay que dar a aquellos que, cuando la victoria ya estaba asegurada, enviaron, durante dos días y dos noches, escuadrillas de aviones para que incendiasen la magnífica ciudad de Dresde, habitada sólo por civiles y repleta de pacíficos refugiados? El número de víctimas no fue mucho menor que en Hiroshima, y tuvo dos ceros más que en Coventry. Pero los responsables de Coventry fueron juzgados, mientras que el mariscal del Ejército del Aire que dirigió el bombardeo de Dresde, lejos de ser calificado de «criminal de guerra », se convirtió en un héroe nacional cuya estatua se alza en la capital británica.”

    http://panoramacatolico.info/articulo/a-60-anos-del-holocausto-de-dresden

    • Los abrumadores hechos del holocausto ……..

      holocausto …holocausto…me suena esa palabra….

      ¿cual holocausto?

      ¿el de Dresden??

      ..

      basta de cuentos por favor
      basta de cuentos silvousplait

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