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Necio rematado habría que ser para dar crédito a la versión de que los acontecimientos de estos días, ensayo general de un estallido insurreccional,  obedecen a un “clamor ciudadano” despertado por un alza del Metro que entraña unos 300 pesos extras a la semana, menos de lo que cuesta un tarro de Coca-Cola. Y no menos ingenuo es quien crea que hay otras demandas acumuladas de las que dicha alza sería el fulminante. Esta última es la versión oficial de la izquierda y de toda laya de opositores al gobierno, pero, aunque suena más convincente, tampoco resiste análisis.

Aun así muchos la aceptan y ya se habla de la “batalla de Santiago” y/o de “protestas sociales y ciudadanas”, como así lo hace también la llamada prensa de derecha – de propiedad de gente de derecha pero manejada por gente de izquierda–, la cual se esmera por ser políticamente correcta -¡no les vaya a tocar a ellos la próxima vez!– y describe los hechos como propios de una “intensa jornada”, véase Emol.  De modo similar se expresa el progresismo; en ambos casos se asume que una entelequia imaginaria, “el pueblo” o la “ciudadanía” ha salido a las calles a hacer sentir su molestia.

Dicha versión de una ciudadanía molesta saliendo a la calle a expresar su disgusto no resiste análisis; la destruye el sólo catálogo de las imágenes de los “combatientes”  incendiando organizadamente, con aceleradores químicos, 19 estaciones del metro, amen de los saqueos perpetrados por lumpen, delincuentes y “dueñas de casa”, los buses en llamas, el incendio del edificio corporativo de Enel y como preludio a todo eso la saña con que colegiales fuera de sí, la “vanguardia” de la algarada, han destruido las instalaciones del Metro; nada de todo eso habla  del “pueblo” haciendo ver su molestia, sino de un evento organizado en todos sus detalles, con activistas y cronogramas, con planeación y fría determinación, con asistencia de venezolanos de la policía política de dicho país, pero además directa o indirectamente promovido, fomentado, incentivado o al menos aplaudido y vitoreado no sólo hoy sino desde hace años por sectores del “progresismo”, en el cual reina, tras la hipócrita simulación de consternación por los daños, tal júbilo y satisfacción por lo sucedido y por suceder que hemos visto en CNN a una congresala de dicho sector describiendo los hechos como “hermosos”.

¿Cuál ha sido la mecánica de estos acontecimientos, los factores que han hecho posible esta insurrección fríamente calculada para hacer tambalear al gobierno?

Demandas sociales”, “rabia ciudadana”, etc…

La explicación favorita de la izquierda -la cual han usado siempre para un barrido y un fregado– es de que se ha acumulado la rabia y frustración de una inmensa masa de gente al borde de la inanición y que al fin decidió salir a la calle a hacer ver su descontento y expresar sus demandas desoídas haciendo uso de sus derechos ciudadanos. Pero, ¿es acaso esa la situación de Chile, la nación con el más alto PGB de América Latina? ¿Realmente la gente se está cayendo muerta de hambre? ¿Nadie salvo un puñado de jóvenes privilegiados pueden estudiar y llegar a la universidad? ¿Vemos en las calles a miles de patipelados? Claramente no es el caso. Notoriamente Chile no es Haití o Venezuela, ni tampoco Siria. Pero entonces, ¿qué somos y cuál es la causa?

Es verdad que en Chile hay una gran fracción de la población que puede NO estarse muriendo de hambre ni sufriendo penalidades atroces,  pero SÍ está demasiado endeudada, sufre percances económicos, ha perdido pegas u oportunidades y han llevado y llevan vidas poco satisfactorias y/o al borde del fracaso y hasta el desastre; hablamos de profesionales sin clientes, de comerciantes a los que les va mal, de enfermos graves sin atención oportuna, de rezagados de toda laya, de empleados hastiados, de deudas impagas  aunque también de zánganos incapaces de hacer nada por sí mismos, salvo estirarle la mano a sus padres y al Estado y proclamarse como víctimas de injusticias; hablamos de quienes no llegaron ni jamás llegarán donde querían, de resentidos en todos los grados, de marginales, de enrabiados, de emputecidos. Y ciertamente esta parte de la población es siempre numerosa. Bien dice la Biblia: muchos son los llamados, pero pocos los elegidos. En una sociedad consumista, exitista y materialista el no estar en la cumbre o al menos cerca de ella encona hasta la pepa del alma.

Todo eso, sin embargo, no puede ser una explicación de lo que sucede hoy en el país porque es una constante sociológica; en efecto, siempre hay una masa iracunda deseosa de pasar facturas y cobrar venganzas y siempre hay una parte de la población con su rabia a medio hervor, pero por lo mismo dicha permanencia es incapaz de explicar un evento particular, distinto, específico. Una condición NO ES una causa de la misma manera y por la misma razón que la construcción en madera de una casa no es causa de tal o cual incendio que un mal día se desate en ella. Para explicar un evento específico se requieren causas también específicas. Y una de esas causas específicas es que alguien ha agitado y canalizado esas fuerzas del descontento, la frustración y la ira.

Los que abrieron la puerta y los invitaron a pasar…

El descontento no sale ni ha salido por su cuenta y propia voluntad a la calle ni es tampoco el que ha sistemáticamente iniciado incendios de gran envergadura ni saqueado a destajo. El descontento es un estado de ánimo que no congrega ni organiza solo; no ha sido ni es el caso de que miles de personas decidan espontánea y simultáneamente que tal o cual día se van a congregar y luego echar abajo una estación del Metro. El descontento existe privadamente, pero se lo hace existir de modo público cuando hay un agente que lo convoca, lo congrega, lo organiza, manipula y lo desata; es incitado y organizado con una cadena de mando que parte en dirigentes cupulares de organizaciones políticas, luego pasa desde ahí a niveles intermedios y alcanza finalmente las diligencias  estudiantiles usadas para estos efectos del mismo modo como los narcotraficantes usan a sicarios de 15 años para los suyos. Se requieren meses para todo eso. No de la noche a la mañana se prepara mentalmente para “la lucha” a niñitos que aun no saben ni  limpiarse el poto; primero han de ser adoctrinados, persuadidos, palmoteados y ensalzados mientras a la vez se les prometen carreras políticas y se les hace creer en su importancia; se lleva a cabo todo lo necesario para que sientan que sus vidas tienen sentido SIEMPRE Y CUANDO sigan las instrucciones y órdenes que los convertirán en importante agentes de la renovación de la galaxia.

También ha ayudado a abrir esa puerta el clima mental impuesto en un proceso de años por la izquierda de Chile, el discurso políticamente correcto que lo destruye todo y lo justifica todo y a la pasada le ha dado nueva vida, en sectores estudiantiles, a la mitología marxista. Esto último ha sido posible yb preparado por la acción de procesos impersonales de cambio social tales como  la casi total pérdida de control en la formación de las nuevas generaciones, al delirante sentimiento de la juventud de  tener derecho a todos los derechos, a una mentalidad hedonista que no tolera los esfuerzos y penalidades ni menos las desigualdades aun si estas se originan en inevitables y naturales diferencias, a un impulso masivo, feroz, implacable e incesante de asociar el éxito personal a niveles de consumo que sólo pueden alcanzarse a base del endeudamiento y que aun así, si son alcanzados, parecen insuficientes, mezquinos, a todo lo cual se agrega al derrumbe de los valores de la sociedad tradicional, el respecto por la ley y autoridad, etc, etc.

Y los que no cerraron esa puerta…

Tal vez, sin embargo, la causa más directa y eficiente de los incidentes de estos días ha sido la nula voluntad del ejecutivo por cumplir en el momento debido, a tiempo e integralmente, con el primer y más básico deber de todo gobierno pasado, presente o futuro, a saber, mantener el orden público. Eso se ha manifestado en su fracaso en la lucha contra la delincuencia, a la cual iba a “derrotar”, así como en su virtual rendición a la CAM, en su inexistente acción en los sectores Norte del país en los que cunde el sentimiento separatista entre comunidades indígenas que sin duda repetirán el libreto de la CAM, en su fracaso frente al narcotráfico que se ha apoderado de enteras poblaciones y en su extrema debilidad para reprimir y sancionar hechos como los del Metro cuando recién se iniciaban. El gobierno, en su inacción, en su miedo al que dirán de la izquierda y los organismos internacionales, en su tonta creencia que podía “abuenarse” con el progresismo, ha dejado que todo foco de incendio que debió y sólo podía controlarse a ese nivel, como foco, creciera y se convirtiera en una deflagración en gran escala. No ha habido ni hay ese ”estallido social” que cacarean las izquierdas, sino un incendio iniciado en un terreno altamente combustible por incendiarios profesionales a cuya acción se ha sumado la inacción de quienes debían apagarlo.

¿Qué viene ahora?

Tal vez, al fin, el gobierno comience a reaccionar como es debido. La gente decente -catalogada de “fascistas pobres” por algunos imbéciles– ya lo está haciendo y se organiza para defender no sólo sus barrios y casas, sino a los negocios que los suplen y atienden. Todo el que ha podido ha ido a su pega. Grupos de vecinos se juntan para retirar escombros de las “barricadas”.  Los militares y los carabineros son aplaudidos, vitoreados, felicitados. Tal vez no sea demasiado tarde, pero tampoco queda demasiado tiempo para una reacción firme contra quienes directa o indirectamente crean, fomentan o apoyan con un lenguaje sibilino e hipócrita toda situación que debilite al gobierno aunque a la pasada dañe a la población, a esa “ciudadanía” que tanto citan y mentan.

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3 COMMENTS

  1. Los humanoides semivegetales que se desataron ayer en Plaza Italia, no son ni la mitad de los que votaron contra Piñera en la pasada eleccion presidencial.
    No es de extrañarse que si mañana una empresa de dudosa reputacion ofrece regalar telefonos inteligentes de la firma de la manzana mordisqueada, muchos más del 1.200.000, crédulos zombificados, sobresaturarán las calles para hacerse de uno, y su sorpresa y entusiasmo inicial, solo será superada por la frustracion, resentimiento y odio de haber sido engañados con un ladrillo.
    El marxismo no es solucion de nada, es la causa de todo mal; pero bueno, que remedio, Dios puso límites a la inteligencia del hombre y ninguno a su estupidez.

  2. IRIS SPERONI
    https://restaurarg.blogspot.com/2019/11/decreto-740-2019.html

    noviembre 02, 2019
    DECRETO 740 2019

    Autora: Iris Speroni

    Esta semana el periodista Maximiliano Montenegro informó sobre la autorización al BCRA para emitir y darle ese dinero al Tesoro Nacional para que haga frente a gastos corrientes.

    El decreto 740/2019 es un gigantesco revoleo de partidas. Le sacan dinero a unas cuentas, se la dan a otras. Montenegro llamó la atención sobre un punto en particular: en la página 255 del Anexo 1, última línea estipula “Anticipos del Banco Central de la República Argentina 400.000.000.000 [pesos]”.

    ¿Qué es ese dinero? El BCRA tiene “ganancias” (ahora veremos qué es eso) y se las da al Tesoro Nacional para que las gaste. No es una novedad del gobierno de Macri, esa práctica la usaron la dupla Kirchner-Cristina Fernández.

    Básicamente, si devalúo, la cotización en pesos de las divisas en cartera del BCRA aumenta (en pesos).
    Ejemplo: el BCRA tiene U$S 1.000.000.000 con una cotización de 45 $ por dólar.
    Sus tenencias en el ejemplo valen $ 45.000.000.000.- Si nuestro querido gobierno devalúa a 60 $ por dólar, la misma cantidad de dólares en las reservas pasarían a valer $ 60.000.000.000 y entonces, siempre en nuestro ejemplo, el BCRA ¡habría ganado $ 15.000.000.000! que graciosamente puede darle al Tesoro Nacional, en cuanto dueño de esas ganancias. En la actividad privada las llamaríamos dividendos. Como ese dinero el BCRA no lo tiene (tiene los dólares), los emite y se los da al Tesoro, quien alegremente paga sueldos, intereses de deuda y contratistas del estado. Son asientos contables sin pies ni cabeza, pero que los gobiernos lo hicieron todo el SXXI.

    No es lo más interesante del Decreto. Ni por asomo.

    El texto completo del decreto 740/2019 (no es muy largo) es una obra maestra de estulticia, hipocresía e ineptitud. Invito a leerlo. Comienza explicando las razones. Las primeras son conmovedoras: aumento de salarios a fuerzas de seguridad, fuerzas armadas, militares retirados, planes sociales, asignación universal por hijo,

    ¿Quién puede ser tan desalmado de oponerse al aumento de los sueldos de los miembros de las fuerzas armadas que ganan por debajo de la línea de pobreza?

    Pero…a medida que uno se adentra en el texto del decreto encuentra otros destinos del dinero. Aumentar el presupuesto para las empresas de transporte automotor de pasajeros, que reciben combustible a precio subsidiado, donde el estado – esto es, todos nosotros – ponemos la diferencia. Los propietarios de la mayoría de las empresas de transporte de pasajeros son políticos y en la minoría de los casos, sindicalistas. Nadie audita si los subsidios corresponden o no. El presupuesto original para darle a este grupo de personas, que bauticé como beneficiarios de AUT (Asignación Universal por Transportista) fue de $ 61.837.848.000. No alcanzó. (1).

    Tampoco alcanzaron los subsidios a la electricidad (de los habitantes de capital y Gran Buenos Aires a costa de todo el país).

    Y por supuesto, mi favorito, la AUP, Asignación Universal por Petrolero, donde todos los argentinos le pagamos a Bulgheroni (chinos), Shell, Exxon o British Petroleum para que se dignen a explorar y explotar nuestros pozos petroleros. Esos negocios fantásticos que hacen nuestros gobernantes. En ese caso, aumentaron las partidas presupuestarias “…resulta pertinente reforzar los créditos para atender compromisos contraídos por el ESTADO NACIONAL y los Programas Petróleo Plus y Refinación Plus, destinados a la exploración y explotación de petróleo, creados por el Decreto Nº 2014 del 25 de noviembre de 2008”. Como vemos, las diferencias entre Mauricio Macri y Cristina Fernández no son tantas.

    Y finalmente llegamos a la Verdad: “Que es menester modificar el Presupuesto vigente de la Jurisdicción 90 – SERVICIO DE LA DEUDA PÚBLICA para posibilitar la atención de los servicios financieros de la deuda pública correspondientes a comisiones, intereses y amortizaciones de este ejercicio”.

    * * *

    ¿De dónde saca el dinero el Estado Nacional para los aumentos de partidas presupuestarias? Una parte por emisión del BCRA, sobre eso nos advertía Montenegro.

    Pero el artículo 5° del decreto tiene otras curiosidades: le saca partidas a organismos del estado para gastar como hemos visto.

    ¿A quién le sacan dinero?

    Al INTA (“…al INSTITUTO NACIONAL DE TECNOLOGÍA AGROPECUARIA por un monto de VALOR NOMINAL PESOS OCHO MIL CIEN MILLONES (V.N. $ 8.100.000.000)…”). Y ahí surgen nuevas preguntas. ¿Por qué tiene tanto dinero el INTA. Más aún ¿Por qué tiene tanto dinero el INTA sin gastar cuando tenemos a científicos quejándose por la falta de reactivos?

    Le sacan plata a la SSN por $ 4.200.000.000. Son cifras siderales. ¿Dónde tiene tanta plata el SSN? ¿Por qué? ¿Cuál es la razón de ser?

    El Estado Nacional le saca $ 4.000.000.000 al INSTITUTO NACIONAL DE PROMOCIÓN TURÍSTICA. Desconocía la existencia de ese instituto. Desconozco su razón de ser. ¿Cuál es el criterio del Congreso para asignar partidas? ¿Y no se fijan antes si no tienen fondos sin usar? ¿Para qué quieren tanta plata? Pero un misterio ha sido develado: ahora sabemos por qué los políticos se matan para entrar en los directorios de los Institutos Nacionales. Ahora entendemos por qué los diputados que no consiguieron ser reelectos se refugian en el Instituto de la Carne Vacuna o de la Yerba Mate o de Vitivinicultura.

    * * *

    Se trata de un decreto de reasignación de partidas. Lo que convierte al Presupuesto Nacional en una burla, toda vez que el Poder Ejecutivo gasta la cantidad de plata que quiere en lo que quiere.

    Promete emisión monetaria o convalida lo emitido durante el presente año. En ambos casos, la emisión monetaria y el cuidado del valor de la moneda es responsabilidad del Congreso Nacional (CN art. 75 incs. 6, 11 y 19). Es una responsabilidad indelegable. Sin embargo, el presidente Macri nombró directores del BCRA a comisión, sin acuerdo del Senado. Les dio órdenes de qué hacer y qué no, a qué tasa de interés tomar deuda cuasifiscal y a qué valor vender dólares y si había o no que vender dólares y qué montos. Ninguna de ellas son atribuciones del Poder Ejecutivo.

    Es un abuso de autoridad. Por parte del partido que vendió en la campaña electoral la defensa de la “República”. ¿Qué es la defensa de la “república”? ¿La defensa de la Constitución Nacional? No pareciera ser el caso.

    Sin embargo el Senado o la Comisión Bicameral de revisión de la actividad de las autoridades del BCRA no las removió. El Congreso no instruyó a las autoridades del BCRA sobre la política monetaria (que es de su exclusiva atribución), no pidió juicio político al Jefe de Gabinete o al Ministro de Hacienda o al Presidente. Tampoco los denunció ante la Justicia. Por supuesto, ningún fiscal federal actuó de oficio. Y en estos cuatro años, 2015-2019, la Auditoría General de la Nación, dependiente del Congreso Nacional y bajo la presidencia de un peronista, nada dijo de todas estas irregularidades.

    Que no son menores. Miles de millones de pesos de impuestos que pagamos nosotros, pagando $ 40 un alfajor que vale $ 20, fueron a parar a los bancos vía deuda cuasifiscal al 80% anual decidida primero por el “coloso” Sturzenegger y luego por sus sucesores.

    La inflación demolió el patrimonio de millones de argentinos. Simplemente porque ni diputados ni senadores cubrieron sus obligaciones ni removieron a los miembros del poder ejecutivo que abusaron de su autoridad (mientras hacían multimillonarios a sus amigos y a quienes pusieron dinero en su campaña electoral).

    La Constitución Nacional precepta: “Artículo 29.- El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, … facultades extraordinarias,…, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria”.

    Nada sucederá. Porque si este accionar fuese castigado, sus sucesores no podrían repetirlo. Y eso no va a pasar.

    Estamos condenados a una permanente violación de la Constitución Nacional y a la destrucción sistemática de nuestro patrimonio para solaz de los capitalistas amigos de los gobernantes, y de los gobernantes mismos, que cobran cara su colaboración.
    No sé si sabré ser lo suficientemente elocuente: defender la Constitución Nacional es defender nuestro patrimonio y la única posibilidad de que millones de argentinos progresen y salgan de pobres.

    Es todo muy triste.

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