La izquierda revanchista

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Dado que izquierda y derecha son conceptos cada vez más anacrónicos y difusos, debo precisar a qué “izquierdas” me refiero: Principalmente, a los partidos históricos Socialista y Comunista, en los escenarios paralelos de Chile y España, y a los períodos en que ambos países recuperaron la democracia luego de sendas dictaduras. A estas organizaciones hay que agregar sus excrecencias juveniles, léase el Podemos español y el Frente Amplio chileno, pero sin olvidar tampoco a sus ramas terroristas ―ETA, Grapo, Terra Lliure en España; MIR, FPMR, CAM en Chile―, acaso más adormecidas en su activismo criminal, pero siempre presentes en mayor o menor grado e influencia política.

En el contexto del descalabro ideológico que representó el colapso de la Unión Soviética y como reacción rencorosa ante las respectivas derrotas sufridas a manos de las “derechas”, primero en España y años después en Chile, las izquierdas han emprendido una suerte de programa a largo plazo, destinado a revertir las derrotas infligidas por el “franquismo” y el “pinochetismo”, en particular y por el “fascismo”, en general.

Para ello, cuentan con los siguientes instrumentos: Por un lado, con el fanatismo propio de su carácter de secta religiosa laica, tantas veces descrito en este Portal. Con el atractivo que representa la épica revolucionaria para las mentes susceptibles de un adoctrinamiento ideológico, cuya indiscutible superioridad moral les conferiría el “derecho” a gobernar permanentemente, sin la alternancia propia de una auténtica democracia. ¿Hace falta mencionar a Cuba, China, Corea del Norte o Venezuela? Por otro lado, cuentan con la evidente hegemonía de la izquierda en los medios de comunicación, en la educación, en los sindicatos, etc., favorecida por la timidez, complejos y hasta cobardía de las derechas, más proclives a acomodarse a los postulados de su adversario que a dar la imprescindible batalla cultural e ideológica. Y, como resulta anticuado hablar de lucha de clases, la “lucha revolucionaria” se ha transformado en lucha de sexos y en la manipulación de la historia, en el mejor estilo del 1984 de Orwell.

Con algunas diferencias, en el período indicado y en ambos países, las izquierdas han gobernado más tiempo. Sin tocar gestiones económicas y limitándome al tema del revanchismo, intentaré resumir las evidencias más significativas:

En España, las Transición se realizó gracias al pacto entre el Rey Juan Carlos y Santiago Carrillo (PCE), decretando una Amnistía General que superara las heridas de la fratricida Guerra Civil e impulsara un espíritu de reconciliación entre “las dos Españas”. Al principio, pareció haberse conseguido, pero los gobiernos de Suárez (UCD) y los tres períodos de F. González (PSOE) dejaron sembrada la semilla de la desigualdad y de las tensiones centrífugas con la creación del Estado de las Autonomías. Para más desgracia, fueron los “años de hierro” en que los terroristas vascos de ETA (socialista e independentista) asesinaban a derecha e izquierda, nunca dicho con más exactitud. Pero fueron los 8 años de presidencia de J M Aznar (P Popular de derecha) los que llevaron a la casi total derrota de ETA al estrangular su financiamiento vía extorsiones.

Sin embargo, la imprevisible llegada al gobierno del nefasto JLR Zapatero (ZP) gracias al atentado terrorista más sangriento de toda Europa, el 11M (11/03/2004), marca el inicio de proceso revanchista. En efecto, desde el 2004 al 2011, reedita el espíritu guerracivilista promulgando la sesgada y sectaria Ley de Memoria Histórica (10/2007) y, en reemplazo de la lucha de clases, la inconstitucional Ley Contra la Violencia de Género (12/2004) o “machista” (desconoce la presunción de inocencia y la igualdad de penas con independencia del sexo). También inicia la potenciación del lobby Gay y de la agenda LGTBI. Recientemente se han hecho públicas sus negociaciones secretas con ETA que llevaron a su blanqueamiento y a que hoy esta organización criminal forme parte de las instituciones (EH – Bildu). En cualquier caso, su más deleznable contribución a la desestabilización del país fue que “aceptaría cualquier reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña que le enviase el gobierno de esta Comunidad”. Esto dio alas al independentismo que remitió un Estatuto plagado de artículos anticonstitucionales, problema que estalló durante el siguiente gobierno. Huelga mancionar su descarado apoyo al régimen de Maduro. Sí cabe, eso sí, una anécdota proyectable a Chile en cuanto a revanchismo: Con un ignorado micrófono abierto, se le escapó la afirmación de que “es conveniente tensionar a las masas”.

Sigue a ZP en la lista de presidentes nefastos para España, M. Rajoy (PP 2011-2018). Pese a contar con mayoría absoluta en ambas Cámaras, no sólo aumentó la presión fiscal sinó que, por desidia y/o franca cobardía, fue incapaz de derogar las leyes revanchistas antes mencionadas. Copiando a la inversa la estrategia de Mitterrand con el frente Nacional, Rajoy potenció 2 cadenas de TV (A3Media y La Sexta), encargándoles que apoyaran al recientemente surgido Podemos, para dividir o debilitar al PSOE. Podemos, financiado por Venezuela e Irán, llegó con un programa extremista de Socialismo Venezolano y, en las elecciones generales de 2015 obtuvo 69 diputados en el conjunto del Estado, por cierto, a costa del PSOE. El hecho central de su gobierno es que, debilitado por casos de corrupción y envalentonada la Generalidad de Cataluña debido a las políticas de ZP, C. Puigdemont, su presidente, proclamó el 10 de octubre de 2017 el establecimiento de la República Catalana como «Estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social». Ningún Estado del resto del mundo reconoció este hecho político. El Tribunal Constitucional de España dictó su inconstitucionalidad el 8 de noviembre del mismo año, al afirmar que vulneraba y vulnera los artículos 23 de la Constitución española y el 29.1 del Estatuto de la autonomía catalana. Debido a ello, el Gobierno de Rajoy, activó el artículo 155 de la Constitución suspendiendo la autonomía de dicha Comunidad “para restablecer el orden constitucional”, desde octubre de 2017 hasta junio de 2018. Lamentablemente, fue una “suspensión light”, ya que no privó a la Generalidad de su hegemonía mediática ni de sus políticas de adoctrinamiento educativo. En cualquier caso, el Tribunal Supremo juzga actualmente a 12 líderes catalanes, presos por el referéndum y la declaración ilegal de independencia de 2017. Otros seis son juzgados por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC). Siete excargos políticos permanecen huidos, entre ellos el ex presidente Puigdemont.

La lista de presidentes nefastos culmina con el peor de ellos, Pedro Sánchez (PSOE). Sólo en lo personal, se ha demostrado que es un mentiroso compulsivo, que su tesis doctoral es un fraude lleno de plagios, que carece por completo de escrúpulos y que su egocentrismo y ambición de poder no tienen límites, rasgos todos que apuntan a una psicopatía, cosa que no obsta con evidenciar un carisma y “suerte” que le han llevado al cargo que ocupa, de momento en funciones.

La prueba de la hegemonía mediática de las izquierdas es que, siendo los casos de corrupción del PSOE y de Convergencia Democrática de Cataluña (Jordi Pujol) de mayor gravedad y cuantía económica, el PSOE los magnificó hasta conseguir una moción de censura (junio de 2018) que llevó a que Rajoy saliera del Gobierno, antes de completar la legislatura. Para ello contó con el apoyo de todos los partidos separatistas e independentistas, de la ETA (EH-Bildu), de Podemos e Izquierda Unida (comunista). Es la primera moción de censura exitosa en la historia de la democracia. Y, dado que en estos días todos los analistas coinciden en no saber si Sánchez conseguirá la investidura apoyado por los partidos mencionados ―que han afirmado preferirle― o si el mismo Sánchez está jugando a ir a elecciones en noviembre, pensando que aumentará los pobres 123 escaños de su partido. De ahí que haya roto negociaciones con Podemos, negándole a Pablo Iglesias la vicepresidencia que desea y que ahora se esté disfrazando de “constitucionalista”, fingiendo alejarse de los separatistas y de ETA-Bildu, gracias a todos los cuales ganó la moción de censura.

Inciso: Otro instrumento destacado del proceso revanchista es el uso como arma revolucionaria de las lenguas regionales para eliminar el odiado español. Esta estrategia, la “Inmersión Lingüística” iniciada en Cataluña por J. Pujol en los 80, se ha extendido al País Vasco, Valencia, Baleares, Navarra, Galicia e, incluso, a Comunidades Autónomas que NO tienen dos lenguas cooficiales y constitucionales ―el español y el de la Comunidad―, como es el caso de Aragón, donde se empieza a estudiar catalán en las zonas limítrofes.

Resumiendo, lo que desde Chile debemos tener presente es que, en la España de hoy, fracturada más o menos al 50% entre izquierdas y derechas, ha vuelto a aparecer un Frente Popular, no tan sangriento como el de los años 36, pero también con el proyecto de romper la unidad de la nación y de reemplazar la Monarquía por una República. No otra cosa hay detrás de la “España Federal” que anhela el PSOE de Pedro Sánchez.

En Chile, hay diferencias sustanciales con España que favorecen a nuestro país: En efecto, la Transición chilena no instauró un Estado de las Autonomías, con su multiplicación de estructuras gubernamentales y el consecuente despilfarro económico. Tampoco existen potentes lenguas regionales, susceptibles de ser utilizadas como en España, aunque, quizá, los dirigentes mapuches de la CAM pretendan a futuro que el mapudungún sea excluyente en las regiones que controlan.

En cuanto a similitudes, entre 1990 y hoy hemos tenido 5 gobiernos de las izquierdas por sólo 2 de las derechas. Hasta hoy en España, la Ley Electoral favorece a los grandes partidos; así, PSOE y PP se han alternado con apoyos externos. Aquí el binominal hizo lo mismo, pero con coaliciones: la Concertación (izquierdas 1990-2010); Alianza por Chile/Coalición por el Cambio (derechas 2010-2014); Nueva Mayoría (izqs. 2014-2018); Chile Vamos (dchs. 2018- actual). La presencia de la DC en los primeros gobiernos de izquierdas, así como la exclusión del PC hasta el 2009, permitió que ―sin entrar en el desarrollo económico― el “revanchismo” se ejerciera en términos sensatos y legales. Destacó en ésto el tratamiento de las violaciones de los Derechos Humanos durante el gobierno militar, con juicios y condenas a militares, con los Informes Rettig (1991) y Valech (2004) y compensaciones a las víctimas. En breve, más que confrontación entre izquierdas y derechas, hubo acuerdos y búsqueda de consensos.

El revanchismo duro empieza a despertar en el gobierno de Bachelet, con el Museo de la Memoria Histórica, inaugurado el 01/2010. Sigue la estela de la Ley de Memoria Histórica española, promulgada, cómo no, por Zapatero. Coinciden en un descarado sesgo ideológico por el que sólo se destacan las víctimas de las respectivas “dictaduras fascistas”, pero se corre un tupido velo de disimulo sobre las víctimas “de derechas” de los períodos previos, si bien las españolas ―quema de iglesias, asesinato de curas, monjas y católicos, de políticos y de prisioneros en las bien documentadas “sacas” realizadas por las chekas dirigidas por Santiago Carrillo, que suman muchos miles―, no tienen parangón con lo ocurrido en nuestro país, mucho menos oneroso en crímenes políticos. Eso sí, una víctima chilena no letal de este revanchismo ha sido Mauricio Rojas, obligado a dimitir como Ministro de Exteriores, precisamente por haber denunciado el sesgo ideológico del Museo.

También durante el primer gobierno de Bachelet, se descuelgan de la Concertación los llamados “díscolos” que critican el inmovilismo y el debilitamiento ideológico y doctrinario de los partidos que la integran (los socialistas Alejandro Navarro del MAS y Marcos Enríquez Ominami del PRO). Estos partidos nuevos se ampliarán posteriormente con el Frente Amplio fundado el 01/2017, un conglomerado de ocho partidos y/o movimientos que, en general, podrían calificarse de extrema izquierda. Botón de muestra de su espíritu revanchista es el vergonzoso episodio representado por Gabriel Boric (Movimiento Autonomista) y la camiseta alusiva al asesinato del senador Jaime Guzmán (UDI) en 1991, regocijo probablemente compartido por buena parte de los integrantes del Frente. De lo que no cabe duda, es que los “díscolos” se han dedicado a agitar y tensionar a las masas, en el mejor estilo de Zapatero y especialmente a los movimientos estudiantiles, desde el primer gobierno de Piñera y mucho más en el actual.

Para terminar, no otra cosa sinó revanchismo han sido las frecuentes negativas de la oposición de izquierdas a sentarse siquiera a debatir las propuestas del actual gobierno y a poner toda suerte de trabas a su gestión. No obstante, se ha de reconocer que, últimamente, la fuerza de la realidad les ha llevado a atemperar su obstruccionismo y a permitir la aprobación de leyes y reformas sensatas y necesarias para el país. En cualquier caso, parece ser que el revanchismo de nuestras izquierdas no cejará en su propósito de asaltar el poder, como históricamente han hecho siempre: En concordancia con el argumento que he venido exponiendo, el 20/07/19 apareció en YouTube un vídeo que anunciaba “¿Vuelve la UP?”, titulado Alianza entre el partido comunista y el Frente Amplio y cuyo link dejo a continuación:

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