Jueves, Septiembre 23, 2021

No te hagas la víctima. Sé un héroe.

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“La libertad radica en ser audaz.”
― Robert Frost

No hay duda de que existen situaciones en que somos víctimas. Sin embargo, si ya no somos un niño, somos responsables de intentar detener tal situación, no porque seamos culpables de ella, sino porque no será de utilidad quedarnos de brazos cruzados esperando a que alguien nos salve. Si hacemos algo al respecto, a pesar de que la situación de la cual somos víctima no sea nuestra culpa, podemos convertirnos en nuestro propio héroe.

Desafortunadamente, esta idea parece leerse y escucharse cada vez menos. Incluso, hoy en día —como bien explican Campbell y Manning en The Rise of Victimhood Culture— es común que ser considerado una víctima sea similar a una medalla de honor, y la persona en vez de tratar de cambiar o mejorar su situación, se dedique sin cesar a hablar desde su rol de víctima. ¿Estamos realmente indefensos frente a las tragedias del presente? ¿Lo único que podemos hacer es pedir ayuda al Estado o a la caridad de nuestros pares? ¿O deberíamos asumir la responsabilidad de siquiera intentar salir de la situación que nos aqueja?

La injusticia existe, por supuesto, pero no le beneficia a nadie el sentarse y dejar que siga existiendo porque no es culpa de uno. Además, como ha establecido la psicología ya el siglo pasado, interpretar el mundo con un locus de control externo, es decir, creer que lo que nos sucede es fruto del azar o de decisiones de otros, y por tanto fuera de nuestro control propio, no sólo hace imposible que nos motivemos a cambiar la situación, sino que incluso se relaciona con trastornos del ánimo como la depresión por la desesperanza que conlleva.

Si creemos que no somos capaces como individuos de cambiar nuestras vidas o el mundo para mejor, si creemos que nuestro rol es el de meras víctimas, nuestra existencia se caracteriza “por la creencia de que nuestra vida no tiene sentido, con el tono afectivo de apatía y aburrimiento” (Maddi, 1967, p.313).

Esta tragedia de la victimización, del ocaso del heroísmo, se hace aún más presente en estos tiempos posmodernos en que han caído las grandes narrativas que daban respuesta al lugar del ser humano en el mundo. ¿Por qué? Porque frente al vacío de antiguas respuestas, el lugar de víctima se ofrece como una alternativa para responder a la paralizante pregunta: “¿Quién soy?” “Soy una víctima.”

Es una respuesta suministrada con frecuencia por una sociedad que no sólo ha dejado de buscar héroes, sino que parece haber dejado de intentar formarlos, enseñando a exigir derechos y gratuidades, pero olvidando los deberes y los sacrificios que como individuos debemos hacer día a día para que los primeros sean posibles.

Una de las causas de variados problemas de salud mental es justamente definirnos “como nada más que un actor de roles sociales y la encarnación de necesidades biológicas” (Maddi, 1967, p.316-7). Como individuos somos parte de la sociedad, pero no iguales a ella. Como individuos tenemos necesidades biológicas, pero no nos reducimos a ellas. Así, no podemos olvidar que siempre hay algo que podemos hacer frente a las dificultades de la vida; incluso si no logramos el objetivo que nos hemos planteado, el mero hecho de intentarlo es algo que nos ayudará con el sufrimiento y desesperanza, propios y del resto. Ser valiente y luchar contra la injusticia o la opresión, en vez de esperar una solución mágica externa, no es sólo la única forma de cambiar el mundo para mejor, sino que también la de mejorarnos a nosotros mismos.

La única alternativa viable para ser una persona sana, y vivir en una sociedad sana, es el ser valientes y asumir la responsabilidad de que somos nosotros quienes elegimos cómo escribimos nuestra historia. No podemos dejar que políticos, publicistas, profesores o activistas la escriban por nosotros. Sólo nosotros podemos dejar de ser víctimas y hacer que nuestra vida valga la pena vivirla.

Cualquier otra opción es un suicidio parcial. Es quedarnos inmóviles, culpando al resto —quizás con razón— sin hacer nada para salir de la situación, dejando que nuestras potencialidades permanezcan sólo en eso, y actualizando sólo lo que nuestro entorno presente nos permite. Así, nos legamos un futuro estancado que no es nada más que la sombra de lo que podría haber sido.

La alternativa es peligrosa, sí, y requiere coraje. Asumir la responsabilidad de nuestras vidas es costoso. La existencia es dura, ser consciente de ello y de nuestra parte en el sufrimiento que conlleva, es difícil. Pero podemos ser valientes y, como héroes, enfrentarla.

¿Pero qué ser sino una víctima? ¿Qué significa asumir la responsabilidad de nuestra vida? Es posible que no haya un significado intrínseco a nuestra existencia, que no vengamos a este mundo con un propósito específico, sino libres de decidir nuestro destino con cada paso que tomamos. Enfrentar esa verdad sin duda requiere coraje, ya que debemos escoger nuestras acciones y asumir la responsabilidad del resultado. Es por eso por lo que hablo de héroe, por que es una decisión valiente, que hay que sostener día tras día, decisión tras decisión.
No hay duda de que a algunas personas la vida les entrega una peor mano que a la mayoría, sin que tengan culpa alguna de ello, ya sea por algún aspecto injusto de la sociedad o de la biología. Sin embargo, incluso en ese caso algo puede hacer el individuo al respecto, no sólo para ayudarse a sí mismo, sino para mejorar las cartas que los próximos jugadores reciban al nacer.

Esta idea de ser valiente en asumir la responsabilidad de escribir la propia historia puede sonar similar al popular “sé tu mismo”, pero es todo lo contrario. Esta no es una invitación a dejarse fluir y hacer lo que uno quiera. Por el contrario, es un coraje de afirmarse como individuo “a pesar de”, tomando el término de Tillich. A pesar de lo que previene afirmarnos como individuos, con coraje, nos afirmamos. A pesar de lo difícil que nos toca vivir, asumimos la responsabilidad de enfrentarlo y ver cómo mejorarlo. A pesar de que lo más fácil es quejarse y no hacer nada, es moverse y hacer algo. A pesar de todo, hay algo que sí podemos hacer. Podemos ser héroes.

Cuando una sociedad se estanca o incluso se corrompe, cuando nadie hace nada mientras una cultura que ha sido erigida con esfuerzo por siglos se derrumba —excepto quejarse o contribuir sin siquiera darse cuenta de su caída— son los individuos auténticos y con coraje los únicos que pueden enmendar el rumbo.
Ellos serán los héroes que anunciarán y traerán una nueva era.
No te hagas la víctima. Sé un héroe.

Referencias
Campbell, B. & Manning, J. (2018). The rise of victimhood culture. Palgrave Macmillan.
Maddi, S. R. (1967). The existential neurosis. Journal of Abnormal Psychology, 72, 31 1-325.
Tillich, P. (2000). The courage to be. New Haven and London: Yale University Press.

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1 comentario

  1. Gracias por condensar un mensaje de estímulo en pocos párrafos. Siempre busco alguna frase clave en lo que leo, y en tu columna la hallé en su centro (tal vez de gravedad :-): “No hay duda de que a algunas personas la vida les entrega una peor mano que a la mayoría, sin que tengan culpa alguna de ello, ya sea por algún aspecto injusto de la sociedad o de la biología. Sin embargo, incluso en ese caso algo puede hacer el individuo al respecto, no sólo para ayudarse a sí mismo, sino para mejorar las cartas que los próximos jugadores reciban al nacer.”

    No podría haberse dicho mejor.

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