La luna desprendía una luminosidad casi cegadora, parecía de día. Los humos de los curantos colaboraban a un ambiente místico, fantástico. Provistos de gruesos mantos de lana multicolores y bebiendo la exquisita chicha de manzana, los chonos danzaban y cantaban al compás de kultrunes. Nosotros también entusiasmados nos sumamos a la danza monótona y mareadora alrededor de los chemamul, enormes estatuas de madera, entre las que destacaban gigantescas representaciones de unas raras aves con picos desproporcionados, sobresaliendo el inferior como un curioso arado. De pronto un revoloteo bullicioso y tres sombras aladas enormes, de unos 6 metros de envergadura alar, se dejaron caer del cielo, sus patas provistas de gruesas garras, hicieron retumbar el suelo al aterrizar. Habían llegado los trepalmontes.
Una algarabía generalizada se produjo entre los chonos, los trepalmontes, una de cuyas características era la de imitar la voz humana como los loros, pero amplificada enormemente por sus inmensos pulmones y gruesa laringe, se unieron al festejo de inmediato. Aves enormes de 2 metros de altura, gruesas patas de avestruz terminadas en garras como grampones. Una gran cabezota con cráneo de tamaño humano que revelaba un desarrollo cerebral considerable. Un pico inferior como un arado, como un cuenco de cavidad superior, que, clavándolo en la tierra húmeda, ascendían las colinas arrastrando babosas, lombrices, ranas, arañas, blandides, certinas, llaguelas, refintres y todos los bichos imaginables y no imaginables de los montes de Chiloé. De ahí el nombre de estas amigables y mansas aves, que con su inteligencia sabían mantenerse alejadas de los bárbaros y peligrosos humanos y sólo socializaban con sus amigos chonos y los gigantes rubios de la Isla Friendship, que aparece y desaparece de las imágenes satelitales, sin dejar rastro. Luego hablaremos un poco de ella.
Los trepalmonte adoraban el pescado cocinado de los curantos, pero lo que más los fascinaba era la exquisita chicha de manzana. Con sus picos inferiores como cuencos, recogían generosamente gruesas cantidades de chicha, sumergiendo las cabezotas en las ollas repletas del alcohólico zumo. Con un golpe de cuello hacia atrás y de un round, 500 cc de chicha descendían gozosamente hasta el estómago. Con ruidosas carcajadas humanas, los divertidos y amables trepalmontes se unieron a la danza, llevando el ritmo del kultrún con sus pesadas patas armadas de grapas que levantaban polvo con cada pisotón.
Y así transcurrió la noche, los vapores etílicos se subieron a la cabeza de humanos y trepalmontes, los pasos se hicieron vacilantes perdiendo todo ritmo y la tibieza de la noche acogió a los dipsómanos fiesteros que se sumieron en un reconfortante, profundo y reparador sueño. Un fuerte viento producto del batir de enormes alas de 6 m de envergadura, anunciaron la despedida de las aves gigantescas, que con sus brillantes plumas multicolores, como descomunales colibríes, surcaron el cielo, dibujando un hermoso arcoíris multicolor.
Antes de zarpar, con destino desconocido, aleatorio, me despedí de la anciana de la extracción dentaria, que nos obsequió una canasta con pescado ahumado, fruta, botellas de chicha y un sinfín de mercadería. Le pregunté a la dama chono si conocía la isla Friendship y asintió con preocupación mirando para todos lados. Le inquirí si sabía de algunas tribus y animales que viviesen ahí protegidas, volvió a asentir y me habló al oído que poblaciones de Kaweskar, prosperaban en las islas que rodeaban ese lugar, protegidas y en estrecha relación con los gigantes rubios, además de animales enormes como los trepalmontes. Le dibujé un milodón y se lo mostré, saltó hacia atrás y con ojos espantados me gritó: “Gutave, lees el pensamiento también?”.
Un viento norte amenazante nos propulsaba a gran velocidad hacia el sur, hacíamos 8 nudos, unos 15 km/h, nuestro destino sería la isla Friendship, las poblaciones de Kaweskar, la tierra de los milodones, de los trepalmontes y quizás el encuentro con los rubios alienígenas. Las circunstancias dirían otra cosa, otros destinos, otras aventuras.