John Steinbeck, director invitado por la Sinfofilarmónica de París, batuta en mano, comenzó la dirección del Primer Concierto para Piano de Tchaikowsky. La performance fue grandiosa, el solista al piano se levantó, besó a la concertino primera violinista, recibió estruendosos aplausos y vivas gritados a voz en cuello por entusiasmados parisinos, bajo una lluvia incesante de flores, junto a John realizaron cuatro salidas. A la quinta, Andrés ofreció el primer encore, su Sinfonía Viñamarina, un corto fragmento; la algarabía, los vítores continuaban sin pausa. Entonces, el finale tan esperado, el movimiento último del Concierto para piano recién finalizado, pero, con un tempo doblado en velocidad.
El asalto al piano fue violento, salvaje, cual cascada frenética las notas rebotaban, vibraban las enormes lámparas de lágrimas, en total éxtasis Andrés mirando al techo ejecutaba, el término de la ejecución fue seguida del acostumbrado encendido de la batuta al contacto de las cuerdas al rojo vivo.
En esos momentos el delirio era total, desbordante, Brigitte Macron casi cae del balcón presidencial. Pablo Pineda, al lado de la Princesa Leonor rompía palmas y vivas. Algunos afirman haber visto al fantasma asomado entre las sombras de la tramoya.
El coctail abundaba en viandas exquisitas, trago por hectólitros, Pablo Pineda, John Steinbeck, la princesa Leonor y Rita, rodeados de periodistas y personalidades varias que pugnaban por acercarse a Andrés, risas, exclamaciones, un espectáculo de glamour un poco loco. Rita aprovechaba para concertar próximos conciertos e insertarlos en la apretada agenda.
Andrés ya un poco cansado y aburrido, acercó su boca al oído de su esposa, separando algunos rubios rizos y musitó;
¿Me llevarías a una feria de artesanía?