# PRÓLOGO
Luego de dos episodios casi fatales, en que la magia de la medicina y de los médicos modernos me recuperó, me tomaron una resonancia nuclear magnética cerebral que arrojó un resultado preocupante: atrofia cerebral.
El facultativo me tranquilizó aclarándome que la disminución del tamaño de mi encéfalo era normal para mi edad. De manera que los ochenta y seis mil millones de neuronas debieron acomodarse en un espacio mucho más reducido.
Así las cosas, quedaron más cerca unas de otras y pueden contactarse, haciendo sinapsis, con mayor facilidad y frecuencia. A ese fenómeno atribuyo mi súbito interés por escribir, que dio origen a este librito de cuentos, y también mi descubrimiento tardío de la música docta, de la mano gentil, erudita y cariñosa de mi joven maestra, Noelia Manríquez.
Asimismo, agradezco el encuentro con Mariana Villegas, creadora de Editorial Pontara, que me ha enseñado a escribir estos cuentos. Muy agradecido por su acompañamiento casi a diario.
Los dibujos que verán a lo largo del libro son hechos por mí, otra pasión descubierta tarde pero oportunamente: dibujar.